Si tuvieras que elegir entre cobrar un impuesto
extra hoy para pagar urgencias o perdonar impuestos para atraer una empresa
gigante que genere trabajo mañana, ¿qué harías?
Este es exactamente el cruce de caminos en el
que se encuentra la provincia de La Rioja. Por un lado, el Gobierno Nacional
impulsa el RIGI (Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones). Por el otro,
La Rioja decidió tomar un camino distinto: aplicar un impuesto extraordinario a
las grandes empresas que ya están en la provincia.
El camino del RIGI:
Apostar al futuro y al "derrame"
El RIGI propone algo sencillo: "Vengan a
invertir millones de dólares a Argentina y, a cambio, les prometemos cobrarles
menos impuestos y no cambiarles las reglas del juego".
A simple vista, parece que el Estado pierde
plata. Sin embargo, un informe reciente de la consultora económica EcoGo
analizó quién paga realmente ese "costo" y quién sale ganando. Y los
números tienen una trampa a favor de las provincias.
¿Cómo funciona la matemática del RIGI? Para
entenderlo sin palabras difíciles (lo que los economistas llaman “breakeven” o
adicionalidad), pensemos en cuánto tiene que crecer la economía alrededor de la
inversión para que el Estado recupere los impuestos que "perdonó".
Según EcoGo, el
esfuerzo es muy distinto dependiendo de quién haga la cuenta:
- La Nación hace el mayor sacrificio: Pone casi todo el costo (perdona derechos de exportación, impuestos al cheque, etc.). Apenas recupera 1,6 veces lo que resignó.
- Las provincias sin proyectos ganan un poco más: Recuperan 2,1 veces lo que perdonan
- ¡El gran ganador es la provincia donde se instala el proyecto! Las provincias anfitrionas (como podría ser La Rioja si recibe un proyecto minero o solar bajo este régimen) hacen un sacrificio mínimo. Por cada peso que "perdonan" en impuestos a la gran empresa, terminan recaudando 4,6 veces más.
¿De dónde sale esa ganancia si le bajaron los
impuestos a la empresa? Sale de todo lo que la empresa mueve a su alrededor. La
provincia recauda más porque se crean nuevos empleos (y esa gente gasta en los
comercios locales), se contratan proveedores locales (transporte, comida,
construcción), y toda esa cadena sí paga impuestos provinciales.
El camino de La
Rioja: El impuesto extraordinario (Ley 10.907)
En lugar de apostar por esa promesa de
multiplicador futuro, el gobierno de La Rioja miró su caja actual y decidió ir
por lo seguro: la recaudación inmediata.
A través de la nueva Ley 10.907, la provincia les dijo a los grandes contribuyentes: "Necesitamos fondos urgentes ahora". Por eso, les aplicó un recargo del 25% extra sobre el impuesto a los Ingresos Brutos que ya venían pagando
¿Por qué tomaron esta decisión? Podría ser por la urgencia de lo inmediato, a diferencia de esto, el modelo del RIGI requiere tiempo: hay que esperar a que la empresa llegue, se instale, construya y empiece a generar ese "derrame" en la economía local. En cambio, con este recargo del 25%, la provincia se asegura plata constante y sonante desde el día uno. Según la ley, ese dinero tiene un destino específico: ayuda alimentaria y asistencia social.
Conclusión: El costo de la inmediatez y la hostilidad fiscal
El debate entre el RIGI y la Ley 10.907 define el modelo de desarrollo provincial. Al ignorar el RIGI, La Rioja desaprovecha una oportunidad histórica donde la Nación asume el costo fiscal y la provincia anfitriona multiplica casi por cinco lo resignado gracias al crecimiento genuino.
En contraste, aplicar un recargo del 25% sobre
Ingresos Brutos a las grandes empresas prioriza la urgencia de caja por sobre
el desarrollo estructural. Esta decisión de asfixiar fiscalmente a los
capitales funciona como un "castigo al éxito" que emite una fuerte
señal de hostilidad a futuros megaproyectos. En definitiva, el gobierno riojano
eligió "cazar en el zoológico" para resolver su inmediatez: pan para
hoy, desinversión para mañana.
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